sábado, 16 de junio de 2012

#nocabeenuntweet

Ya ha visto la luz #nocabeenuntweet, el proyecto de @jdmalpartida.
Recopila artículos, historias, etc. de varios tuiteros.

Se puede descargar aquí y aquí está el blog para dejar comentarios, etc.

Un trocito de mi modesta aportación (si quieres leerlo entero, bájalo. Gandul)

"¿Cómo acabé en un colegio de monjas? Era muy pequeño y
no lo recuerdo bien. Supongo que pasaría por allí y entré a informarme y me gustó la directora y me quedé. La directora era
monja, claro, pero oye, qué tetas. Las monjas y las tetas son
totalmente compatibles, esto lo aprendí desde bien pequeñito."

Jajejijoju.



lunes, 11 de junio de 2012

La culpa.

Esta mañana he tenido una discusión con alguien a cuenta de la crisis, el rescate, bla bla bla...

Recordándolo me he puesto a tuitear arengas sin ton ni son, pero creo que el tema merece entrar en mayor detalle. Tampoco mucho que mira que horas y sin cenar. Nos quieren vender la idea de que en la crisis todos tenemos nuestra parte de culpa. Y yo por ahí no paso.

Mi argumento es sencillo ¿Qué culpa tengo yo de el país esté en quiebra, si sólo he utilizado los instrumentos que he tenido a mi alcance para cubrir mis NECESIDADES (recalco esto)?

Por una parte, en épocas de bonanza económica, nos animan a consumir. Consumir es bueno, las fábricas producen más, las ventas aumentan, la gente puede ganar mejores salarios y todo se revierte en el ciclo. Un círculo vicioso. Más gano, más gasto, más ricos todos y más guapos. Se folla más, etc. Bueno, esto último igual no. Pero es mi post y me invento lo que quiero.

"Consume, es bueno". Es el momento de cambiar de coche y mudarte a una casa más grande. O incluso de tener más de una. Mientras, las empresas y los bancos (sobretodo los bancos) cuyo único objetivo es ganar dinero, por definición (cosa que no juzgo, simplemente manifiesto), están hinchando las arcas.

¿Entonces cómo hemos llegado hasta aquí? Pues según los expertos, sobreendeudándonos. O "viviendo por encima de nuestras posibilidades". Como dijo José Luis Sampedro, eso es imposible. Si te endeudas, es porque puedes. Porque hay alguien ganando (MUCHO) dinero gracias a eso, y porque hay unas leyes que lo permiten.

Hay dos casos principales, suponiendo que seas un ciudadano:

a) Aprovecho el pelotazo e invierto en pisos: Si bien es algo legítimo, debes saber que invertir es arriesgar, y que arriesgando, unas veces se gana, y otras se pierde. Y me atrevería a decir que la mayoría de las veces se pierde. Dicho de otra forma, para que uno gane otro debe perder (apuestas, bolsa, etc.)

b) Decido planificar bien mi economía, hago cuentas, y prefiero mantener lo que tengo y no arriesgar, porque ya tengo cubiertas mis necesidades básicas.

Para las empresas es prácticamente lo mismo, salvo que su misión es arriesgar, principalmente porque no tienen necesidades humanas (no tienen que comer o dormir bajo techo). Y las que no lo hacen se quedan atrás. Innovar o morir. Pero nosotros no somos empresas. Nuestro objetivo no debe ser (que tristemente sí que lo es) ganar cuanto más dinero mejor, y aquí podría entrar en debates filosóficos interminables. Sólo diré que mis necesidades básicas son comida, techo, salud y afecto.

Si tengo ocio además, mejor que mejor. Resumiendo: la cosa va muy bien, nos venden créditos cada día para que sigamos consumiendo, los bancos ganan mucho dinero y todos felices. Pero de repente, nos damos cuenta de que los bancos han arriesgado demasiado, y (ahora entra el título del post), nos quieren hacer creer, QUE ES CULPA DE TODOS y que nos guste o no, TODOS lo vamos a pagar. Tanto el caso a) cómo el caso b).

Oigan, señores políticos, yo no tengo la culpa de nada. Yo compré un piso porque el boom (a beneficio de bancos y constructores) hizo que la hipoteca me saliera más barata que el alquiler y casi no llegaba a fin de mes.

Oigan, señores políticos, que me compré un coche (a beneficio de bancos y empresas del motor) porque lo necesitaba para ir a trabajar a 20 kilómetros de mi casa y sin transporte público que llegue hasta él.

Oigan, señores políticos, que ahora me toca pagar cómo a todos el agujero que los bancos han creado (invirtiendo, apostando) en sus cuentas, aún sabiendo que algún día esto iba a romper por alguna parte.

Oigan, señores políticos, que da igual lo que yo vote porque ningún partido mayoritario va a restringir a la banca sus beneficios y márgenes (con o sin rescate, ya lo veremos).

Los cambios más importantes en la historia de la humanidad han sido marcados por cambios en la forma de pensar de la gente. Unas veces gracias a la ciencia (abandono del geocentrismo), otra veces gracias al pensamiento (la ilustración).

Quizás es el momento de abandonar la idea de culpa que tanto daño sigue haciendo. La culpa no es sino un invento del cristianismo para someter al pueblo. Pero ya han pasado mucho siglos y creo que ya es momento de pararnos a pensar. La culpa es individual, nunca colectiva. Y hay que analizarla hacia dentro, en la propia conciencia. Y repararla cuando sea posible o enmendarla para siempre. No debe ser algo que se pueda usar para sanear cuentas de los grandes apostadores de dinero.

Para cualquier debate (cualquiera, haced la prueba) en el que se sugiera que las personas son las culpables (se me ocurren ecologismo y piratería, por ejemplo, pero habrá miles de casos) las preguntas a hacerse son ¿Quién gana dinero porque yo supuestamente esté haciendo algo mal? y ¿Quién está permitiéndolo y porqué?

Así que vayamos cambiando el chip. No debemos aceptar ser culpables de nada si no lo somos.

Si acaso víctimas.

martes, 27 de marzo de 2012

Pájaros en la cabeza

Nacho no era feliz. Pero lo parecía.

Un día hizo recuento de las miserias esparcidas por los cajones, armarios, entre páginas de libros, etc. y descubrió que sólo guardaba momentos felices. Que los tristes no tenían forma ni color ni olor. Que solo estaban en su cabeza. Y que de haberlos materializado necesitaría un almacén industrial. Menos mal.

También se dio cuenta que todos formaban parte del pasado. Que el presente era tranquilo como las aguas de un estanque. Un estanque.

Pero ¿y feliz?

Pero lo parecía. Estanque.

Metió en una maleta las miserias (le fue fácil, ya las tenía inventariadas y ordenadas), y se marchó.

Sabía que dejaba gente atrás, y que estaba clavando puñales mortales. Y aún así.

Al día siguiente recibió una llamada.

Había sido citado a juicio por asesinar a puñaladas a otra persona. Lo sabía, tarde o temprano tenía que llegar la llamada. Nunca juzgaba y no le gustaba que lo juzgaran, pero era consciente de que apuñalar es lo suficientemente grave como para asumir su parte de culpa.

Pasaron los días y se presentó ante el juez.

- No entiendo porqué, Nacho.
- No era feliz.
- No lo parecía.
- Tampoco era infeliz.
- Has matado, ¿eres consciente?
- Sí, soy y fui consciente. Pero tenía que elegir entre vivir mi vida o la de otra persona. No me quedó otra opción. Siento el dolor causado. También creo en la reencarnación. Se lo puedo explicar en primera persona, si quiere.
- La vida no es de color de rosa, como tú la imaginas.
- La vida es una mierda, señor juez, eso es. Sólo trato de buscar la felicidad antes de que acabe.
- Tienes muchos pájaros en la cabeza, Nacho.
- No pienso lo mismo. Y en todo caso, los pájaros no pueden estar enjaulados. Están diseñados genéticamente para volar. Por eso las alas.
- Este tribunal aconseja que sea valorado por un especialista médico para evaluar sus capacidades.
- Gracias señoría, lo tendré en cuenta.
- Se le condena al destierro y al ostracismo de por vida. No quiero volver a verte por aquí Nacho.
- ¿Algo más, señoría?
- Nada más, se levanta la sesión. Puedes marchar. Debes.

Mazazo y aparte.

Enseguida se hizo con un techo y un colchón. Y una nueva vida.

Y pasaron los meses.
Y pasaron los años.
Y ya hace mucho que no sé nada de él.

Supongo que sigue cumpliendo su condena. Desterrado pero buscando la felicidad, como él quería. Hay puertas que se cierran para siempre, y otras que una vez que se abren son difíciles de cerrar.

El puto Nacho... (sonrío al escribirlo)

lunes, 5 de marzo de 2012

Pablo

- Mamá, ¿ahí se acaba todo?
- ¿Ahí donde, Pablo?
- Ahí, mira, donde se acaba el agua, ¿no ves que empieza el cielo?
- No cariño, eso es el horizonte, y si tuviéramos un barco, te llevaría hasta allí, y verías que hay otro detrás.
- Yo cuando sea mayor tendré un barco y iremos a verlo, ¿a que sí?
- Claro cariño.
- ¿Y entonces si nunca se acaba el mar, que pasa?
- El mar se convierte en océanos, que son como mares muuuy grandes, y también se acaban. Detrás de cada océano hay otra playa, como esta. Y a lo mejor en esa playa, ahora mismo, también hay un nene preguntón como tú, volviendo loca a su madre.

Sara se tiró encima de su hijo y empezó a hacerle cosquillas, Pablo se retorcía entre risas y trataba de escabullirse.

Pasaron la tarde, comieron helado, jugaron con la pelota, y vieron atardecer.

Llegaron a casa y Sara recordó el viejo atlas de su padre, lo guardaba como una joya, en un altillo del armario, era inmenso, con unas láminas de papel duro y brillante.

- Mira lo que tengo para ti. Quiero que lo cuides muy bien, es muy antiguo.
- Pero es un libro muy grande, es de mayores.
- No es para leerlo, es para verlo. Mira.

Se tendieron en la alfombra del salón y lo abrieron. Pablo se colocó las gafas con el dedo corazón, siempre las llevaba a punto de caerse.

- ¿Ves? Estos dibujos marrones y verdes son tierra. Es donde vivimos las personas. Lo azul es agua, mares y océanos. Mira, nosotros estamos aquí.
- ¿Pero ves como se acaba? Me has engañado.
- Nooo...

Cogió la lámina más grande, la doblo con cuidado, juntando sus extremos, hasta formar un cilindro.

- Es así. Los dos extremos están unidos, lo mismo que esto, que es el norte, y esto que es el sur. La tierra tiene forma redonda, es como tu pelota. Por eso nunca acaba, siempre se puede seguir hacia adelante.
- Pero entonces siempre volvería a casa, vaya tontería.
- Claro, pero ¿te acuerdas del horizonte, esa raya que separaba el mar y el cielo?
- Sí.
- Pues hace mucho tiempo, la gente pensaba lo mismo que tú. Y entonces inventaron los barcos. Y así se dieron cuenta de que estaban equivocados. Gracias a eso ahora tú ya lo sabes.
- Pero yo voy a tener un barco igual, ¿a que sí?
- Sí mi vida, lo tendrás.

Y se le escapó una sonrisa. Le asustaba que fuera tan inteligente y a la vez tan inocente.

Cenaron, se bañaron, y se acostaron.

Pero Pablo, en la cama, no podía quitarse de la cabeza la idea de que al final de cada océano hay una playa, y al final de esa playa otra playa, y al final otro océano. Y otra playa...

Y así se quedó profundamente dormido.

jueves, 1 de marzo de 2012

Dolor

Dolor bueno, necesario.
No dolor placer, para gustos paladares y pieles.
Dolor dolor.
Dolor anticipo.
Dolor aquiestoyyo.

Dolor en la camilla cuando alinean tus vertebras que luego te mantienen en pie.
Dolor en las yemas de los dedos, que luego pulsan las cuerdas de una guitarra, que se convierten en poemas.
Dolor en los brazos piernas, que se convierte en medalla.
Dolor por causar dolor en honor a la honestidad.
Dolor del alma cuando algo se rompe por dentro, que luego se vuelve experiencia y recuerdo.

Minutos/Horas.
Días/semanas.
Meses/años.
Qué.

La indolencia es la muerte del dolor,
y sin dolor no hay placer.

viernes, 24 de febrero de 2012

La.

Sangre que es huellas que serán.
Huellas que son contención que no será.
Contención que es intensidad que.
Intensidad.

Lenguaje nuevo que es jugar.
Latidos nuevos.

Horizonte infinito que es mañana.
Mañana que es qué.
Que es labios piel saliva.
Que son días que son vidas.

Poesía me preguntas.

viernes, 6 de enero de 2012

La máquina.

Los días soleados subía a la terraza a fumar.

Le gustaba mirar desde su azotea los tejados. Le gustaba imaginar qué historias habría debajo de cada teja, detrás de cada ventana. Le gustaba también pensar que estaba siendo observado, desde otras terrazas, desde otras ventanas.

Era su grito al mundo, "Eh, estoy aquí".

Ese día estaba soleado, se había levantado tarde y no tenía muchas ganas de hacer nada, así que ahí estaba, con una taza de café y fumando en la terraza. Disfrutando de un sol de invierno.

Terminó su cigarro y tiró la colilla. Vio un papel doblado en el suelo. Estaba limpio, bien doblado, como recién puesto ahí. Lo cogió y leyó. No sabía que ese papel, que ese cigarro, en ese domingo, iba a cambiar su vida para siempre.

"Tengo lo que necesitas", y una dirección apuntada.

"Tengo lo que necesitas" se repetía una y otra vez en su cabeza. ¿Qué clase de broma era esa? No estaba dispuesto a comprobarlo, desde luego. Guardó el papel en el bolsillo del pijama y entró en casa.

Pero la frase no paraba de sonar en su cabeza, y a las horas de estar tumbado en el sofá, y de darle vueltas a la cabeza, decidió que sí, que quería saber qué o quién estaba detrás de ese papel.

Tras una ducha, salió de casa camino de la dirección apuntada, y tras diez minutos caminando, llegó hasta el lugar.

Era un local. La puerta era una reja vieja y oxidada que no dejaba ver nada del interior. No había timbre. Se estaba poniendo nervioso.

Golpeó la reja con fuerza y esperó.

Nada.

Golpeó de nuevo, esta vez más fuerte "Eh, ¿hay alguien? Tengo una nota que...", y sin tiempo a terminar la frase, la reja comenzó a subir sola, se oía el ruido del motor que la movía.

El local no era muy grande. Estaba (mal) iluminado por una vieja bombilla de sesenta vatios, y casi vacío. Nada en las paredes, ni puertas. Casi vacío porque en el centro había una especie de cabina. Era como una de esas cabinas con servicios públicos que hay por la calle. Esas que nunca nadie ha usado ni usará.

De repente la puerta comenzó a cerrarse y sin tiempo para reaccionar, se quedó allí, encerrado, con "La máquina".

Se acercó hasta ella asustado, todo era muy extraño. Estaba convencido de que era un sueño y que tarde o temprano despertaría.

Entró en la maquina y encontró otra nota.

"Hola Javier, estás en una máquina que te permite moverte por el tiempo y el espacio. Es muy sencillo. Tienes un teclado y una pantalla, sólo hay dos variables, fecha y lugar. Sólo hay una regla. Vayas donde y cuando vayas, no podrás regresar ni volver a usar la máquina nunca más. Sólo un viaje, en un sentido. Puedes elegir pasado, presente o futuro. Si decides no usar la máquina, sólo tienes que golpear la puerta y se volverá a abrir a la calle, pero no podrás volver a entrar".

...

Se sentó en un taburete que había frente a la consola, mareado. No tenía sentido. ¿Quien había puesto eso ahí? ¿Desde cuando existía esa tecnología? ¿Era una broma? ¿Porqué conocía(n) su nombre?... ¿QUIERO USAR LA MÁQUINA?

Estuvo como media hora con la cabeza entre sus manos, recuperando la cordura, buscando un sentido. Pensando si quería participar, y si era así, donde y cuando iba a viajar.

Ya lo tenía claro. La vida era demasiado corta como para desperdiciar experiencias.

Pero tenía serías dudas. Miedo.

"¿Y sí está con otra persona? ¿Y si se asusta y no quiere saber nada de mí? ¿Y si mi viaje es en vano y me quedo atrapado allí (entonces) para siempre? ¿Y sí no la encuentro, como saber dónde estará?".

Introdujo las variables. "9 de diciembre de 2021, Barcelona". Pulsó ACEPTAR.

Nada.

Ni un ruido, ni un flash, ni nada que indicara que la máquina había funcionado. Pulso ACEPTAR varias veces seguidas hasta que salió un mensaje parpadeante en la pantalla; "Coge la nota que hay debajo del taburete y déjala en la dirección que está escrita, espero que el viaje sea provechoso y haya merecido la pena. Gracias por confiar. Hasta siempre".

La nota era idéntica a la suya. Salvo que en lugar de su nombre, ponía otro.

Ya tenía claro que era una especie de broma. Alguien le estaba tomando el pelo, aunque no tenía ni idea ni de quién, ni el porqué. Salió de la maquina y fue hasta la reja. La golpeó, y se abrió.

Salió a la calle, y se volvió a marear.

No estaba en el mismo lugar. No era esa la misma calle por la que había entrado al local. Tampoco era un lugar reconocible, la gente iba vestida de manera extraña y los coches, locales, farolas, bancos, eran extraños. Los viandantes también lo miraban a él extrañados.

Barcelona, 2021.

No sabía que hacer, dónde ir, ni como encontrarla. Se acordó de la nota que tenía que entregar y decidió ir hasta la dirección indicada. ¿Pero cómo? Dio la vuelta a la nota, y vio un pequeño plano dibujado a bolígrafo, indicando el recorrido desde la máquina hasta la dirección. Comenzó a caminar.

Tras diez minutos llegó a la dirección, pero no encontró nada salvo un banco vacío. Era un parque. Miro hacía los lados y no vio a nadie, se sentó, otra vez mareado, y dejó la nota sobre el banco, doblada. El plano dibujado había desaparecido.

Entonces oyó su voz, detrás suyo.

"Javier... estás aquí, no puedo creerlo"

Se dio la vuelta y la vio, radiante, guapísima, temblando y con lagrimas cayendo por su cara. Tenía diez años más, ahora casi tenía su misma edad.

"¿Violeta? ¿Eres tú, te he encontrado?" y las lagrimas inundaron sus ojos. Se levantó rápidamente y se fundieron en un beso y un abrazo gigantes. Hubieran podido morir así, en ese mismo instante. Abrazados, felices.

- Pero ¿Como? ¿Porqué?
- No preguntes, mi vida, ahora estás aquí, conmigo. He estado esperándote durante mucho tiempo, diez años. Ahora veo que ha merecido la pena. Te quiero.
- Y yo a ti.

Se volvieron a fundir en un abrazo y desaparecieron de allí caminando. Juntos. Para siempre.

Al final la nota tenía razón, tenía lo que necesitaba.

...

Le gustaba salir por las mañanas al parque. Compraba el periódico en su quiosco de siempre y se acercaba al banco de siempre a leerlo. Ese día estaba soleado en Barcelona. Así que allí estaba él, sentado en su banco, periódico de 9 de Diciembre de 2021 en mano, cuando vio un papel doblado.

Lo cogió, lo abrió y vio escrito "Tengo lo que necesitas". Y una dirección apuntada.